El objetivo inicial de Lim y sus compañeros era hallar indicios genéticos de un riesgo elevado de padecer las enfermedades de Alzheimer y Parkinson. En el estudio participaron unas 1.200 personas mayores de 65 años que durante muchos años tuvieron que llevar una pulsera especial que controlaba el ciclo sueño-vigilia.
La investigación tomó un giro inesperado, cuando los científicos descifraron los genomas de los participantes. Según se reveló, las personas que suelen madrugar y acostarse temprano presentan diferencias genéticas con respecto a los que prefieren levantarse tarde y no se van a la cama hasta altas horas de la noche.
Los investigadores descubrieron un nucleótido junto con el gen Period 1 que era diferente en “madrugadores” y “trasnochadores”, ya que los primeros (60%) tenían adenina (A) y los segundos (40%) guanina (G).
Puesto que el ser humano posee pares de cromosomas, el adenina y el guanina también están presentes por partida doble (A-A, G-G o A-G). El estudio reveló que los portadores del par A-A se despertaban aproximadamente una hora antes que los portadores del G-G, mientras que los del A-G dormían media hora menos que estos últimos.
Al analizar las muertes entre los participantes de la prueba, muchos de los cuales se unieron a ella hacía 15 años, a los 65 años de edad, los científicos descubrieron que las tres variaciones genéticas también pueden determinar la hora de la muerte.
Así, las personas con el A-A y A-G en el genotipo murieron poco antes de las 11 de la mañana, mientras que la mayoría de los portadores del G-G fallecieron hacia las 6 de la tarde.
Sin embargo, Lim y compañeros advierten de que se requieren nuevos estudios para esclarecer los mecanismos que vinculan características genéticas específicas con peculiaridades concretas del funcionamiento del reloj biológico.