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Miércoles, 28 Noviembre 2012 00:05

Velma Lyrae, la mujer alérgica (literalmente) a la vida moderna Destacado

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Velma en la jaula Faraday en la que pasa casi toda su vida

Velma Lyrae no puede ni ver un teléfono móvil. Sus peores enemigos son cosas como conexiones wifi y navegadores por satélite. Su problema no tiene nada que ver con su edad (a los 51 años que ella tiene hay mucho experto tecnológico) sino con su salud: Velma Lyrae tiene, literalmente, alergia a las nuevas tecnologías.

Es decir, es hipersensible a los campos electromagnéticos que, hoy en día, nimban prácticamente cada rincón de las ciudades contemporáneas (allá donde haya un móvil con 3G, ella tiene un problema). Por eso, Velma tiene que pasar 18 horas al día sola, encerrada en su casa de Blackheath (Londres), dentro de una jaula que se ha construido ella misma con materiales que bloquean estas señales.

"No puedo hacer nada de lo que hace la gente normal: tengo que hacerlo todo en mi jaula. Comer, dormir, leer escribir... Mi vida es un infierno", comenta. A eso se dedica precisamente, a hacer lo que hacía la gente antes de que inventos como los smartphones lo cambiaran todo: lee libros, pinta cuadros y escribe cartas para comunicarse con sus amigos.

Estos, de forma dolorosamente lógica, escasean en su vida. "No tengo trabajo y mi vida social es prácticamente inexistente", prosigue. "Mis amigos me apoyan, claro, pero hay un límite de tiempo que se puede pasar en compañía de alguien que no puede salir ni hacer nada. Me encantaba salir, ir a festivales, disfrutar de música en vivo, pero como ahora todo el mundo tiene un móvil, no puedo ni acercarme a un concierto. El último al que fui fue uno de Radiohead. Para entonces mi condición se estaba empeorando y sabía que no podría ir a ninguno más, así que intenté disfrutarlo. Es triste que ya no pueda hacer las cosas que me gustan".

Velma no nació con su alergia: la adquirió como la mayoría de personas que la sufren, de pequeña. Cuando era adolescente, se electrocutó con un enchufe en el baño. En el momento no notó los síntomas, pero empezó a hacerse más susceptible a los campos electromagnéticos.

En los ochenta intentó trabajar de secretaria en varias empresas pero el inicio de su vida laboral coincidió con la llegada de los ordenadores. "Cada vez que me acercaba a uno, me notaba extremadamente agitada. Pensaba que era porque no sabía manejarlos. Ahora sé que eran los síndromes de EHS", explica, refiriéndose a su condición por sus siglas en inglés (la condición, eso sí, no está reconocida como enfermedad en el Reino Unido, solo en España y Suecia).

httpv://youtu.be/PSEfzmLrZmw

Sin trabajo, y prácticamente sin vida en un mundo en el que cada vez había más y más móviles y ordenadores, Verma tuvo que recluirse en su casa. Descubrió que podría aliviar su malestar si hacía vida en una especie de jaula que le costaría casi mil euros. Decidió hacérsela ella misma, con materiales de segunda mano, por 370. Y ahí lleva viviendo desde entonces. "Cuando salgo a la calle me tapo la cara con una bufanda para que no se me noten los síntomas de la radiación de los campos electromagnéticos", ilustra.

"Es frustrante que la medicina no vaya al ritmo de la tecnología. Hay expertos independientes que aseguran que, como sigamos con este índice de radiaciones, en cinco años el 50% de la población mundial se verá afectada. Necesitamos crear una zona blanca desesperadamente. Un sitio al que podamos ir a relajarnos y recuperarnos", remacha.

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