La industria china intentó copiar la tecnología de los motores, pero la complejidad resultó ser excesiva, según la publicación estadounidense National Security Journal (NSJ).
Los analistas explicaron que la ingeniería inversa de los motores era extremadamente difícil, ya que habría requerido demasiado tiempo.
Finalmente, los Su-35 fueron enviados para reforzar la Fuerza Aérea. En total, China adquirió 24 cazas Su-35 mediante un contrato valorado en aproximadamente 2,5 millones de dólares.
Las aeronaves fueron entregadas a finales de 2018. La entrega también incluyó motores de repuesto y equipos auxiliares.
Dado que cada Su-35 está equipado con dos motores, China recibió al menos 48 motores para su posible ingeniería inversa.
El Su-35 fue visto como un "puente de alta tecnología". Si bien los J-20 de China aún no estaban completamente listos para el combate, el Su-35, un caza de cuarta generación mejorada y altamente maniobrable con motores de empuje vectorial, ofreció un impulso inmediato a la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación.
China también obtuvo acceso a tecnología rusa avanzada, incluyendo el radar Irbis-E y los propios motores. Sin embargo, la ingeniería inversa resultó difícil.
