Envalentonado por el exitoso bloqueo militar del estrecho de Ormuz, Irán ha puesto sus ojos en una nueva "arteria oculta" de la economía global: los cables submarinos de telecomunicaciones que transportan enormes cantidades de tráfico de internet y transacciones financieras entre Europa, Asia y el golfo Pérsico.
Medios de comunicación iraníes afiliados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) han informado sobre el plan de Teherán para obtener ingresos del estrecho. Según el portavoz militar iraní, Ibrahim Zolfaghari, "Cobraremos por los cables de internet".
Aún no está claro cómo Teherán podrá obligar a los gigantes tecnológicos a cumplir, dado que las estrictas sanciones estadounidenses les prohíben realizar cualquier pago a Irán. Expertos entrevistados por CNN creen que las empresas podrían interpretar estas declaraciones como una bravuconería más que como una política real.
No obstante, los analistas advierten que el ataque a los cables podría desencadenar una "catástrofe digital" en cadena que afectaría a varios continentes, incluyendo sistemas bancarios, comunicaciones militares e infraestructura en la nube.
Irán cita la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, que otorga a los Estados ribereños el derecho a establecer las condiciones para el tendido de cables en sus aguas territoriales, como fundamento jurídico de sus reivindicaciones.
Cita a Egipto, que obtiene cientos de millones de dólares por los cables del Canal de Suez, como precedente, si bien los expertos señalan que, a diferencia de un canal artificial, el Estrecho de Ormuz es una vía fluvial natural, lo que modifica el marco jurídico.
