El tiburón de Groenlandia está oficialmente reconocido como el vertebrado más longevo del planeta. Su edad podría llegar a los 500 años, más que decenas de generaciones humanas. Nada lentamente por las gélidas aguas árticas, casi invisible y prácticamente inmortal.
La primera secuenciación completa del genoma de un tiburón de Groenlandia ha revelado pistas genéticas sobre cómo estos animales evitan el cáncer y viven cientos de años, informa Live Science.
Los tiburones de Groenlandia ('Somniosus microcephalus') suelen tener entre 4 y 5 metros de longitud y habitar en las aguas del Atlántico norte y el océano Ártico. Se sabe poco sobre la especie, en parte porque sus ejemplares viven a profundidades de hasta 2,65 kilómetros.
Sin embargo, se cree que alcanzan una longevidad excepcional: aproximadamente 400 años, mientras su madurez sexual se desarrolla a los 150 años.
Un estudio que llevaron adelante investigadores japoneses expone más información sobre los tiburones de Groenlandia, pues han encontrado una secuencia casi completa —el 96,7%— del genoma del 'Somniosus microcephalus'.
Según su artículo publicado en la revista PNAS, se detectó una gran cantidad de genes que podrían estar relacionados con la longevidad de estos animales y se realizaron importantes hallazgos.
En primer lugar, los cambios genéticos clave están asociados con sustituciones únicas de aminoácidos en una serie de proteínas que pliegan y compactan el ADN.
Esas modificaciones son capaces de estabilizar la estructura de la cromatina, una mezcla de ADN y proteínas que compone los cromosomas, lo que, a su vez, ayuda a suprimir la acumulación de daño en el propio ADN durante la larga vida de los tiburones.
En segundo lugar, las familias de genes asociadas con las respuestas inmunitarias y las vías de reparación del ADN se encuentran expandidas en el genoma, lo que respaldaría la idea de que ambas funciones son fundamentales tanto para la longevidad como para la resistencia al cáncer.
Por último, se descubrió una expansión significativa de los genes de la ferritina, que participan en el almacenamiento y la regulación del hierro.
"Es probable que la longevidad extrema no se rija por un solo gen, sino por cambios coordinados en múltiples sistemas biológicos, incluyendo la estabilidad del genoma, el metabolismo del hierro, la función inmunológica y la resistencia al estrés", resumió el líder del equipo de investigación, Shigeharu Kinoshita, químico pesquero de la Universidad de Tokio.
