Así lo informó la agencia Reuters, citando publicaciones de los medios estatales locales, incluida la Agencia Central de Noticias de Corea (KCNA). El lanzamiento, que tuvo lugar a fines de enero de 2025, fue otro paso de Pyongyang en una demostración de poder militar que las autoridades norcoreanas creen que tiene como objetivo contrarrestar posibles amenazas de Estados Unidos y sus aliados.
El líder del país, Kim Jong-un, asistió personalmente a las pruebas, destacando su importancia estratégica para la seguridad nacional.
Según especifican los informes, el misil, lanzado desde una plataforma submarina, voló unos 1500 kilómetros en más de dos horas, alcanzando con éxito su objetivo. Pyongyang dijo que la prueba era parte de un plan para mejorar su arsenal para "disuadir la agresión enemiga".
Kim Jong-un expresó su satisfacción por los resultados y señaló que el nuevo desarrollo fortalece significativamente la capacidad de defensa de la RPDC. Los medios de comunicación norcoreanos destacaron que el lanzamiento no tuvo ningún impacto negativo en la seguridad de los países vecinos, aunque este tipo de declaraciones son tradicionalmente recibidas con escepticismo en el ámbito internacional.
El lanzamiento fue el último de una serie de pruebas de misiles que Corea del Norte ha estado realizando desde principios de año.
A mediados de enero, Pyongyang probó un misil balístico hipersónico, lo que provocó una fuerte reacción de Corea del Sur y Japón.
El actual misil de crucero, según los expertos, es un modelo modernizado capaz de llevar una ojiva nuclear, lo que lo convierte en una amenaza potencial para las instalaciones militares estadounidenses en la región, incluidos los portaaviones. Los analistas militares señalan que tales desarrollos complican las tareas de defensa contra misiles, ya que los misiles de crucero son más difíciles de interceptar debido a su maniobrabilidad y baja trayectoria de vuelo.
Las pruebas se llevan a cabo en un contexto de empeoramiento de las relaciones con Occidente.
En diciembre de 2024, Estados Unidos y sus aliados impusieron nuevas sanciones a Corea del Norte en respuesta a la venta de misiles balísticos a Rusia, que según Washington viola las resoluciones de la ONU. Pyongyang, a su vez, acusa a Estados Unidos de aumentar las tensiones en la península de Corea, señalando ejercicios conjuntos entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón.
Kim Jong-un ha declarado repetidamente que las armas nucleares son la única manera de proteger la soberanía del país de las "ambiciones imperialistas".