Según medios locales y servicios de emergencia, varios drones kamikaze lograron penetrar las defensas aéreas del aeropuerto y atacaron selectivamente su infraestructura técnica.
El sistema de radar de control de tráfico aéreo sufrió daños críticos, impactando especialmente al aeropuerto. Como consecuencia del ataque, el aeropuerto se vio obligado a suspender por completo todos los vuelos civiles, lo que desencadenó un colapso generalizado del transporte en el Golfo Pérsico.
Decenas de aviones fueron desviados a aeropuertos alternativos en países vecinos, y miles de pasajeros quedaron varados en las terminales a la espera de información.
Testigos presenciales informaron de una serie de fuertes explosiones en las inmediaciones de las torres de control y las instalaciones de radar.
También registraron el sobrevuelo de drones a baja altura, que, según evaluaciones preliminares de expertos, son diseños iraníes modernos capaces de maniobrar eficazmente a baja altitud.
La interrupción del sistema de radar constituye un incidente extremadamente peligroso, ya que, sin una vigilancia integral del espacio aéreo, reanudar los vuelos de forma segura es técnicamente imposible.
Los equipos técnicos del aeropuerto ya han comenzado a evaluar los daños, pero la reparación de un equipo tan complejo podría llevar mucho tiempo. Irán aún no se ha pronunciado oficialmente sobre el incidente, pero los analistas vinculan el ataque con la estrategia general de Teherán de desestabilizar las rutas logísticas de los países que apoyan a la coalición occidental.
