El exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo de EE.UU., Joe Kent, hizo un llamado de acción este lunes a la población de su país para que rechace masivamente la guerra contra Irán que inició el Gobierno de Donald Trump junto con Israel, especialmente ante la "enorme presión" que tiene el mandatario de realizar una invasión terrestre en la República Islámica.
"Esta semana, el presidente Trump estará bajo una enorme presión para enviar tropas terrestres a la guerra en Irán. Esto representará una escalada catastrófica que sólo provocará más derramamiento de sangre y agravará aún más esta guerra desastrosa", indicó Kent en un video que publicó en X.
Bajo ese escenario, el exjefe antiterrorista considera que "es fundamental que el pueblo haga oír su voz". "Comuníquese con la Casa Blanca, llame a la línea de comentarios, llame a la centralista del Congreso, pregunte por su representante, pregunte por sus senadores y dígales respetuosamente que no apoyamos el envío de tropas terrestres a Irán.
Así es como el pueblo puede hacerse oír", dijo. Kent también pidió a los estadounidenses a que oren "por la paz" y a trabajar por ella, algo que señaló como "fundamental".
"Comuníquese respetuosamente con sus representantes electos y hágales saber que el pueblo no apoya esta guerra", agregó el exalto funcionario en X, donde además publicó los números telefónicos para que la ciudadanía llame a la Casa Blanca y a la central del Congreso.
Previamente el exfuncionario también advirtió que enviar tropas de EE.UU. a la isla de Jarg tendría graves consecuencias para las fuerzas estadounidenses.
"Simplemente creo que eso sería un desastre", comentó sobre un potencial asalto a la isla. "Sería, en esencia, entregar a Irán un montón de rehenes en una isla que podrían bombardear con drones y misiles", sentenció.
Kent renunció a mediados de marzo pasado al argumentar que no podía, "en buena conciencia, apoyar la guerra en curso en Irán".
En su carta de dimisión el exfuncionario afirmó que Israel presionó a EE.UU. a propósito para involucrar a los estadounidenses en una guerra contra la República Islámica, de la que aseguró que no representaba "ninguna amenaza inminente" para Washington, como lo argumentó la administración Trump para iniciar la agresión al territorio iraní.
