Guadalajara • Con la única intención de exigir paz, alrededor de 500 habitantes del municipio de Chapala se manifestaron en silencio y vestidos de blanco por calles del poblado ribereño, acompañados de las familias de algunas de las 18 víctimas, cuyos cuerpos fueron encontrados el pasado 9 de mayo en el municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos.
Y es que hoy en esta comunidad y en otras de la ribera, el sentimiento es uno y se llama “miedo”. Hoy las familias de estos lugares viven con el temor de que en cualquier momento pueda pasarles algo, lo cual está afectando su vida.
Tal es el caso de Alfonso Díaz, quien en compañía de sus hijos adolescentes, tomó la decisión de interrumpir su descanso y salir a la calle, con la intención de poner su granito de arena para recuperar la paz y tranquilidad que habían caracterizado su vida en Chapala.
“Ya no podemos vivir así, tengo miedo por mí y mis hijos, ya no salimos, sólo de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, no más”, aseguró Alfonso.
La marcha que salió del lienzo Charro de Chapala y tuvo como destino el malecón, fue apenas poco más de un kilómetro, pero significativa, ya que cada mano que empuñaba una vela en señal de esperanza, cada rostro, cada mirada, reflejaban ese coraje de quienes saben que son muchos más los que desean vivir en paz.
“Yo siento que el problema no son las autoridades, son esta gente (delincuentes) que sólo buscan su beneficio a costa de lo que sea, de nada sirve que traigan más policías o al Ejército, estas personas buscarán la manera de seguir actuando igual”, mencionó Raquel Negrete.
Al final del recorrido, una tarima coronada con una cruz fue el escenario para que algunos de los participantes tomaran la palabra; ahí se hicieron tres llamados: el primero a las autoridades para que garanticen la seguridad de los habitantes de Chapala, el segundo a los extranjeros que viven en la ribera para que así como exigieron a las autoridades mexicanas más seguridad, también exijan a su gobierno que pare la venta de armas que sirven a los grupos delictivos para cometer sus crímenes.
Y el último, pero el más significativo, fue para los jóvenes del municipio para que no continúen consumiendo las drogas que estos grupos venden, pues cada peso que les dan a los delincuentes sirve para comprar las balas que después serán usadas para matar a otros jóvenes de Chapala.
Ahí entre la multitud, de forma anónima, únicamente con ramos de flores como distintivo, estaban los padres de Miguel Ángel Mata Barragán, joven mesero de 26 años, quien desapareció el 6 de mayo y cuyo cuerpo fue encontrado en una de las camionetas abandonadas.
“Estamos hartos de que nadie haga nada, queremos más seguridad, que ningún otro joven inocente pierda la vida”, pidió entre lágrimas la mamá de Miguel Ángel.
Fuente: Milenio